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¡Hola a tod@s! ¿Qué tal habéis empezado lo que ya podemos llamar fin de semana?

Hoy, mientras le daba vueltas lo que podía contaros he pensado: ¿Qué mejor tema para un viernes que la cerveza? Así que, aquí os la traigo. Empecemos.

La cerveza es una bebida a base de cebada fermentada por una levadura llamada Saccharomyces cerevisiae (la misma que para la producción del pan), cuyo consumo se ha enmarcado dentro de patrón alimentario de la Dieta Mediterránea (clásicamente entendido) y al cual se le atribuyen múltiples efectos beneficiosos sobre el organismo.

Lo primero sobre lo que quiero incidir es que todos los efectos positivos sobre los que voy a hablaros hacen referencia a un consumo moderado de cerveza (con alcohol, claro, la sin es “libre”), nunca debiendo usarse para justificar un consumo desmesurado de esta bebida.

Por un lado, deciros que la cerveza es rica tanto en vitaminas como en minerales. En cuanto a las vitaminas, las más abundantes son las del complejo B como, por ejemplo, tiamina (B1), riboflavina (B2), ácido pantoténico (B5), ácido fólico (B9) y derivados (folatos), etc…  El ácido fólico es el más abundante y, además, cumple funciones tan necesarias para nuestro organismo como el mantenimiento de la vida celular,  el crecimiento y la formación de nuevos tejidos, y la reducción de factores de riesgo de enfermedades cardiovaculares. En lo referente a los minerales, deciros que la cerveza contiene minerales como el silicio (favorece los procesos de formación ósea), magnesio, potasio y sodio. Este contenido en minerales, junto con su contenido en maltodextrinas naturales (hidratos de carbono de absorción lenta que ayudan a evitar bajadas y subidas de glucosa en sangre), hace que sea una bebida idónea para la reposición de sales minerales y azúcares tras la práctica de ejercicio físico. ¿Os habéis fijado que ahora la ofrecen en las carreras populares, maratones, etc.?

Es una bebida baja en calorías por lo que rompe con la concepción típica de la “curva de la felicidad”; su variedad con alcohol contiene unas 45 kcal/100 ml y la “sin” contiene unas 17 kcal/100 ml (la horchata de chufa 70 kcal/100 ml, la leche entera 62 kcal/ml, el zumo de piña 48 kcal/100 ml, etc.). Además, contiene fibra soluble que ayuda a combatir tanto el estreñimiento como la hipercolesterolemia (altos niveles de colesterol en sangre) y polifenoles (antioxidantes naturales) que protegen contra enfermedades cardiovasculares y reducen los procesos oxidativos responsables del envejecimiento y deterioro del organismo.

Y llegamos al tema espinoso, el alcohol etílico. Siempre y cuando hablemos de individuos adultos y sanos, un consumo moderado de cerveza con alcohol (por su efecto vasodilatador), puede llevar a diferentes beneficios sobre el organismo: reduce en torno a un 40% el riesgo de padecer angina de pecho o infarto, disminuye la incidencia de patologías como la hipertensión arterial o la diabetes y aumenta los niveles de colesterol “bueno” (HDL, ¿os acordáis?).

Por último, os dejo una imagen de la pirámide de la alimentación saludable en la que se contempla el consumo moderado de bebidas fermentadas (cerveza y vino) junto con otros factores tan importantes como el consumo de hidratos complejos, frutas y verduras, la práctica de ejercicio físico y una buena hidratación. ¡Ah! y el link de una página web dedicada a la cerveza donde podréis ampliar información si os apetece.

Copia de img_piram

Espero que os haya resultado interesante la entrada de hoy. ¿Os tomaréis una cerveza a mi salud?

¡Muchas gracias por vuestra visita! ¡Nos leemos el lunes! ¡Buen fin de semana!

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