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¡Buenos días a tod@s! ¡Qué tal habéis empezado el ecuador de la semana?

Yo hoy os traigo una nueva entrada sobre vitaminas, concretamente (y como ya habréis podido ver) sobre la Vitamina A.

La Vitamina A, también conocida como Retinol, es una vitamina liposoluble (se solubiliza en grasa, no en agua como las vitaminas del complejo B o la Vitamina C), y se trata de un nutriente esencial para el ser humano, es decir, es necesario su aporte a través de la alimentación. El aporte diario recomendado es de alrededor de unos 1000 µg.

Esta vitamina interviene en diversos procesos clave para el organismo humano como en el crecimiento del tejido óseo, en el desarrollo y protección de la piel, epitelios (respiratorio y gastrointestinal) y mucosas,  en la reproducción, en el desarrollo embrionario y en la lactancia. Además, es clave para el mantenimiento de un sistema inmunitario competente, fomentando la resistencia a infecciones (bacterianas, parasitarias y víricas) y promoviendo la producción de anticuerpos.

No obstante, su función principal (y por la que se le otorga el nombre de Retinol) es generar unos pigmentos que son necesarios para el correcto funcionamiento de la retina y, por consiguiente, para el desarrollo de una correcta visión (fundamentalmente con poca luz).

Por otro lado, el β-caroteno es un compuesto con propiedades antioxidantes que, además, es un precursor de la Vitamina A, es decir, a partir de este compuesto nuestro organismo puede sintetizarla.

Las fuentes de Vitamina A son muy variadas, pudiendo encontrarla en alimentos de origen animal como los lácteos, el hígado (muy rico en retinol) o los huevos, y en alimentos de origen vegetal como la zanahoria (con alto contenido en β-caroteno), el brócoli, las espinacas, la calabaza, el melón, los albaricoques o la papaya.

Por último, comentaros que existe la posibilidad de que se produzca tanto un déficit como un exceso del aporte de esta Vitamina, derivando cada situación en diferentes efectos adversos para la salud. En el caso de un déficit de Vitamina A (por aporte dietético insuficiente) pueden aparecer problemas de visión (nocturna), sequedad ocular (xeroftalmia), sequedad y aspecto escamoso de piel, pelo y uñas. Contrariamente, si el caso es un exceso de Vitamina A (recordad que es liposoluble por lo que no se excreta en orina, siendo más difícil de eliminar que las vitaminas hidrosolubles), los efectos que aparecen son náuseas, vómitos, irritabilidad, anorexia (falta de apetito; diferente a la anorexia nerviosa, que es el trastorno de la conducta alimentaria que todos conoceréis), cefalea, somnolencia, debilidad muscular, ect.

Toda la información expuesta hoy me reafirma en la obligación de recomendaros que mantengáis una alimentación equilibrada y variada para que, de esta manera, el aporte de nutrientes sea el idóneo sin tener que recurrir (excepto en los casos en que sea necesario por problemas de salud) a aportes extra mediante suplementación ya que, como podéis ver, ni mucho ni poco, ningún extremo es recomendable.

¡Muchas gracias por vuestra visita! ¡Nos leemos mañana!

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