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¡Hola a tod@s! ¿Cómo lleváis la semana? Yo intentando hacerme de nuevo a la rutina… 🙂

Tal y como os dije, hoy os traigo un post dedicado a las grasas trans o hidrogenadas. Seguro que de éstas también habíais oído hablar alguna vez, sobretodo porque son el “monstruo de dos cabezas” de la nutrición. ¿Que por qué? Pues porque si las demás grasas (sobretodo las saturadas) sin control acaban por ser perjudiciales, éstas lo son aún más. Pero bueno, empecemos por el principio.

¿Qué son las grasas trans? Las grasas trans se obtienen cuando se somete a las grasas líquidas (¿os acordáis de las insaturadas que a temperatura ambiente son líquidas?) a un tratamiento llamado HIDROGENACIÓN, consiguiendo que se “transformen” en grasas sólidas. ¿Habéis pensado alguna vez en la margarina? La margarina se concibió como un “sucedáneo” vegetal de la mantequilla pero, para producirla hay que hidrogenar los aceites vegetales como el de oliva o girasol, por lo que…. mejor untar el pan de las mañanas con un chorrito de aceite de oliva en crudo, ¿qué pensáis?

Con esta técnica se consigue, por ejemplo, alargar la vida útil de los productos así como mejorar algunas de sus propiedades como el sabor y la textura de los alimentos. Sí chic@s, volvemos a lo de siempre, los alimentos más sabrosos son los que poseen un mayor contenido en grasas de este tipo. ¿A que cuando coméis snacks no podéis comeros solo uno? ¿A que, posiblemente, si no lo pensáis fríamente os acabaríais la bolsa entera?

Hay alimentos que ya contienen bajos niveles de estas grasas por si mismos, sin necesidad de añadirlos (carnes de cerdo y cordero, mantequilla, leche…). No obstante, es a través de alimentos procesados (por desgracia, cada vez más abundantes en la dieta de los países desarrollados, como snaks, patatas fritas, galletas, bollería industrial…) como ingerimos una alta cantidad diaria de grasas trans.

A lo que preguntaréis… vale, ¿y dónde está el problema? Pues en que las grasas trans además de elevar el colesterol “malo” (LDL) en sangre, así como los triglicéridos, también disminuyen el colesterol “bueno” (HDL) por lo que el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares es incluso mayor que el asociado a la ingesta de grasas saturadas.

¡Que no cunda el pánico! Si intentamos no consumir con demasiada frecuencia alimentos que contengan altos niveles de estos nutrientes, la cantidad que podamos obtener a partir de los demás alimentos no será demasiado elevada, por lo que no debe convertirse en una obsesión.

Por último, os propongo (para quienes queráis) un ejercicio: Elegid un par o tres productos que tengáis en casa y revisad su etiquetado. Intentad que alguno se ajuste al perfil de alimento procesado para que podáis observar la diferencia de contenido entre alimentos. Esto es lo que debéis de hacer, consultar las etiquetas nutricionales de los alimentos para decidir cuál es más o menos conveniente.

¿Os apetece comentarme qué habéis encontrado? ¿Tenéis alguna duda?

¡Espero que os haya sido útil el post de hoy! ¡Muchas gracias por vuestra visita! ¡Hasta mañana!

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