¡Hola a tod@s! ¿Qué tal el fin de semana?

Yo, de vuelta del puente, vengo dispuesta a hablaros sobre las diferencias que existen entre una alergia y una intolerancia alimentaria, ya que últimamente está creciendo la preocupación al respecto y no se trata de lo mismo.

Por un lado, la intolerancia alimentaria afecta al metabolismo de un alimento o a un componente del mismo que se da cuando el organismo no es capaz de digerirlo correctamente, produciendo efectos secundarios que no son de tipo inmunológico. Un ejemplo muy conocido es la intolerancia a la lactosa, en este caso, una deficiencia en el enzima lactasa provoca que no sea posible su digestión provocando síntomas gástricos como diarrea, náuseas, vómitos, flatulencia, etc. En el caso de una intolerancia, pueden consumirse pequeñas cantidades de alimento o componente alimenticio sin que necesariamente aparezcan síntomas.

Por otra parte, una alergia alimentaria se trata de una forma específica de intolerancia que sí que promueve la activación del sistema inmunológico. Determinadas proteínas del alimento causante (en la mayoría de la población no producen reacción adversa) actúan como alérgenos desencadenando la respuesta de sistema inmune. Se suelen identificar en los primeros años de vida y, la lactancia materna, es fundamental para reducir el riesgo de padecerlas. Los alérgenos alimenticios más frecuentes provienen de la leche de vaca, de los huevos, de la soja, el trigo, el pescado y crustáceos y frutos secos.

Por último, quiero aprovechar para recordar la importancia del etiquetado nutricional ya que, en estos casos, es de gran ayuda a la hora de decidir si se puede o no consumir un determinado alimento sin correr riesgos.

Más adelante dedicaré entradas a los tipos más comunes y conocidos de alergias e intolerancias alimentarias.

¡Muchas gracias por vuestra visita! ¡Hasta mañana!

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