Buenos días a todos/as!

Vuelvo pasado un día de fiesta y quiero hablaros sobre los típicos “remordimientos” post-comilona característica de un día que compartes con la familia o los amigos. Es típico en un día como el de ayer juntarse para comer una paella, una fideuà… Hasta aquí bien. Se trata de dos ejemplos de platos equilibrados que combinan a la perfección los nutrientes básicos. El “problema” llega con todos los añadidos. Me explico. Desde los aperitivos que se sirven antes del plato principal (que suelen alargarse desde que se empieza a elaborar éste hasta justo antes de consumirlo), hasta las bebidas (azucaradas o alcohólicas) y los postres son lo que puede entenderse como el exceso. ¿Por qué? Pues debido a que se trata de algo que no suele estar incluido en nuestra alimentación diaria, que contiene mayor densidad calórica y que, además, solemos ingerir en grandes cantidades.

No obstante, no debemos obsesionarnos. Un día es un día. Si durante toda la semana solemos llevar una pauta de alimentación equilibrada que responda a nuestras necesidades, que nos salgamos un día de ésta no tiene por qué influir en gran medida en nuestro peso o estado de salud.  Y, aunque estos días es mejor tener un control, ya no sobre el qué sino más sobre el cuánto se come, es muy recomendable (ya que vamos a “cometer el exceso”) disfrutar tanto del aspecto social como del gastronómico que nos ofrecen estas comidas sin que se conviertan en un problema por cómo nos sentimos después de ellas.

Además, estos días siempre podemos optar por cenas más ligeras que consistan, por ejemplo, en unas tostadas con tomate y queso fresco y una fruta o en una ensalada con atún y un yogur, seguida de una infusión digestiva que reduzca la sensación de pesadez.

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